El afterwalk: el arte de llegar con suavidad

Después de maravillarte con la catedral, cuidar tu alma y deleitarte con la gastronomía gallega, llega quizás la fase más importante: el «afterwalk».

El Camino no termina con el certificado. En realidad no termina en absoluto, pero la transición del «modo peregrino» de vuelta a la «vida normal» es un umbral delicado. En Santiago, solemos llamarlo el «agujero después del camino». Para que este agujero no te engulla, sino que se convierta en un cimiento, aquí tienes una guía para dejar que tu viaje llegue a su fin conscientemente.


El afterwalk: el arte de llegar suavemente a Santiago

Una guía para integrar tu experiencia del Camino en 2-3 días

Has recorrido el mundo a 4 km/h durante semanas. Tu cerebro, tu percepción y tu sistema nervioso se han adaptado a este ritmo. Ahora, de repente, la velocidad del mundo moderno -aeropuertos, citas, smartphones- te golpea de nuevo. Los siguientes pasos te ayudarán a conservar el «espíritu peregrino» antes de subir al avión.


1. la fase de descompresión: «Del caminar al ser»

El primer error que cometen muchos peregrinos es caer inmediatamente en el «estrés turístico». Tu cuerpo está en la meta, pero tu mente suele necesitar 48 horas para llegar de verdad.

El ritual de la desaceleración

Pasa la primera mañana tras tu llegada sin un destino fijo. Siéntate en el Parque de Belvís. Está un poco alejado de los caminos trillados y ofrece amplios prados y una vista de las murallas del monasterio.

  • El ejercicio: Simplemente observa. Observa las nubes o a las personas que trabajan en el huerto comunitario. Resiste el impulso de hacer fotos o escribir mensajes. Siéntelo por ti mismo: ¿Cómo se siente mi cuerpo cuando NO tiene que ir?

Prolongar el «ayuno digital»

Sentirás el impulso de subir inmediatamente todas tus fotos y escribir a todo el mundo. Intenta utilizar el móvil sólo para lo estrictamente necesario durante los dos primeros días en Santiago. Las impresiones del Camino aún están «húmedas», como la pintura fresca. Si las compartes inmediatamente, se secarán. Guárdalas para ti durante un tiempo para que ganen profundidad.


2. el inventario del corazón: ¿qué queda en la mochila?

En tu segundo día en Santiago, es hora de hacer un pequeño «inventario interior». El Camino te ha dado regalos, algunos obvios, otros ocultos.

El «Café-Periódico»

Busca un café tranquilo alejado de la Rúa do Franco, por ejemplo el Café Jardín del Museo do Pobo Galego. Coge tu diario o una hoja de papel nueva. Contéstate a tres preguntas:

  1. ¿Qué dejo aquí? (¿Qué preocupación, qué rasgo, qué viejo rencor he dejado sobre las piedras de Galicia?)
  2. ¿Qué cosas nuevas he aprendido? (Sobre mi resistencia, sobre la amabilidad de los desconocidos, sobre el silencio…)
  3. ¿Qué «momento Camino» quiero enmarcar? (Elige una sola escena -un amanecer, una conversación, un dolor- que haya sido para ti la esencia del viaje).

La visita al «peregrino en la sombra»

Ve a la Praza da Quintana por la noche. Cuando se encienden las luces, aparece la sombra de un peregrino en la pared de la catedral (proyectada por un pilar).

  • El simbolismo: Esta sombra siempre está ahí, no importa cuánta gente haya a su alrededor. Simboliza al «eterno peregrino» que llevas dentro. Colócate junto a ella y haz las paces con el final de tu viaje. No pasa nada por estar triste porque se haya acabado. Esta tristeza es sólo una señal de lo mucho que el viaje ha significado para ti.

3. el umbral social: del «nosotros» al «yo»

En el Camino, formabas parte de una «communitas». Conocías las historias de vida de personas cuyos apellidos ni siquiera sabías. En Santiago, estas comunidades suelen disolverse bruscamente.

La despedida consciente

Reúnete con tus «compañeros de viaje» para tomar una última copa de vino, pero conviértelo en un ritual consciente. Intercambiad direcciones si queréis, pero aceptad también que algunos encuentros sólo estaban destinados al viaje. Un sincero «Gracias por formar parte de mi viaje» es más poderoso que una vaga promesa de visitaros pronto.

Observar a los «recién llegados»

Siéntate en las escaleras de la Plaza del Obradoiro durante una hora y observa cómo llegan los peregrinos.

  • ¿Por qué? Te ves en sus caras hace unos días. El alivio, las lágrimas, la cojera. Esta observación te ayuda a cambiar de perspectiva: Ahora eres un «anciano», alguien que ha completado el viaje. Esto te da una sensación de cierre y dignidad.

4. el puente hacia la vida cotidiana: «importar» el Camino

El último día antes de partir es todo sobre el traslado. ¿Cómo evitas que la vida cotidiana vuelva a «comerte» por completo en tres días?

La «regla de un hábito»

Piensa en una sola cosa que hayas hecho en el Camino que te haya hecho bien.

  • Tal vez sea caminar conscientemente durante 10 minutos por la mañana.
  • Quizá sea hablar con un desconocido sin prejuicios.
  • Tal vez sea la reducción a lo esencial: hazte el firme propósito de mantener sólo esta cosa en casa durante los primeros 21 días. No intentes poner patas arriba toda tu vida: eso suele fracasar. Basta con una pequeña «isla de peregrinación» en tu vida cotidiana.

Compra un recuerdo simbólico

No compres un Jacobo de plástico barato, sino algo que tenga peso para ti. Una joya hecha a mano con gagat (azabache), la piedra negra de los peregrinos, o un simple trozo de granito. Si te estresas en casa, toma este objeto en la mano. Es tu «ancla» de vuelta a la calma del Camino.


5. el último curso: la bendición de la ciudad

Antes de dirigirte al aeropuerto o a la estación de tren, da un último paseo por la Alameda. Dirígete al mirador desde el que puedes ver toda la ciudad y la catedral.

  • La despedida: mira las torres. Despídete interiormente de la ciudad y del santo. Da las gracias a tus pies por llevarte. Respira profundamente el aire gallego por última vez.

El mantra «después de andar

Cuando estés en el avión y se enciendan las señales del cinturón de seguridad, dite a ti mismo en voz baja:

«El camino fue la preparación. Ahora la vida es el Camino».

La post-caminata en Santiago es el momento en que el caminante se convierte en conocedor. No utilices estos 2-3 días como tiempo de espera para el vuelo, sino como los metros más valiosos de todo tu viaje.

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