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Historias de credenciales: lo que los peregrinos han vivido con su credencial

Empapada, perdida, remendada con esparadrapo o en un collage en la pared: peregrinas y peregrinos cuentan lo que han vivido con su credencial.

11 de octubre de 20267 min de lectura
Historias de credenciales: lo que los peregrinos han vivido con su credencial

Si las credenciales pudieran hablar, habría mucho que leer: de días de lluvia y hospitaleros, de sellos que nunca se olvidan y del susto cuando el valioso cuadernillo desaparece de repente. Hemos preguntado a peregrinas y peregrinos qué historias han vivido con su credencial. Aquí están las más bonitas, tal como nos las contaron.

Secada y planchada

Ahora mismo estoy en el Camino del Norte y os escribo esto desde el camino. En el tramo hacia Markina mi credencial se empapó tanto que se deshizo en pedazos.

Eso me puso muy triste, porque recoge muchos recuerdos sueltos que asocio con mi Camino desde Aachen, pasando por Trier y Metz y atravesando Francia hasta Bayonne.

El hospitalero del albergue de Markina se ofreció espontáneamente a secar la credencial. Por el aspecto que tiene ahora, creo que la planchó. Como de todas formas ya estaba llena de sellos, ahora uso la credencial de repuesto, pero voy con más cuidado y llevo las credenciales metidas en una bolsa de pan.

(Stella)

Una parte del Camino

Para mí, como peregrino, la credencial es algo muy especial: es una parte del Camino y te acompaña toda la vida. Cada vez que llega la nostalgia o que los amigos te preguntan por el Camino de Santiago, sacas la credencial y vuelves a vivir el Camino.

Yo diría que también es un gran agradecimiento de toda la gente amable que te has encontrado en el Camino en iglesias, monasterios, hostales y albergues; ellos siguen firmándote tu propio Camino, con sus altos y sus bajos.

Creo que si alguna vez perdiera una credencial, no lo llevaría bien y volvería a peregrinar ese tramo del Camino. Significa mucho para mí saber que tengo la credencial con sus sellos estupendos y cuidarla. Mis hijos también están orgullosos y cada uno tiene la suya del Camino que hicieron conmigo. Creo que para el futuro es un símbolo precioso y un recuerdo del tiempo con su padre.

(Michael Vollmer)

Algunas de las muchas credenciales de Michael Vollmer

Perdida y recuperada

Había pasado la noche en Larrasoana. Temprano, hacia las 08:00, me puse en camino hacia Pamplona. Como el día anterior, llevaba puesta la chaqueta exterior de mi chaqueta 3 en 1 cuando empezó a lloviznar un poco, y además hacía bastante fresco. Bajo el tejadillo de un bar cerrado me puse a meter el forro acolchado en la chaqueta impermeable.

Así que saqué la credencial del bolsillo interior de la chaqueta y la dejé sobre una mesa.

Mientras montaba las dos chaquetas, pasaron dos compañeros peregrinos y cruzamos unas palabras. En broma me preguntaron si estaba esperando a que abriera el bar para desayunar. Ja, ja, hasta las 10:00 seguro que no espero. Mochila a la espalda y salí de Larrasoana.

Allí ya me esperaba la primera subida. Casi arriba me palpé otra vez los bolsillos. ¡Qué susto! La credencial no estaba en el bolsillo interior. Busqué en todos los bolsillos exteriores de la mochila, nada. Ergo, tenía que habérmela olvidado en la mesa del bar de Larrasoana.

Me imaginé cómo el viento se llevaba mi credencial para siempre por las calles desiertas de Larrasoana.

A paso ligero volví a bajar la cuesta, corrí hasta el bar (que seguía cerrado) y eché una mirada suplicante sobre las mesas. Allí estaba, mi credencial, tal como la había dejado, gracias a Dios.

Visiblemente aliviado, guardé entonces mi credencial en una funda impermeable dentro de la mochila. Porque ahí seguro que no me la olvido.

(Hans-Peter Güldner)

La credencial perdida y recuperada de Hans-Peter Güldner

Una credencial y la historia que la acompaña: son relatos que la mayoría seguirá contando a la siguiente generación dentro de 20 años.

Mirada incontables veces

Ya hace un tiempo de nuestro viaje como peregrinos en bicicleta a Santiago. Pero una y otra vez lo recuerdo con mucho cariño, y he mirado incontables veces el álbum de fotos/diario que hice de aquel viaje inolvidable e incomparable. Mi credencial muestra la fecha de salida, el 13.06.2013, en mi pueblo, y la llegada a Santiago. Entre medias hubo 34 días maravillosos. Mi conclusión: quien quiera ponerse en contacto con el cielo, que se eche al Camino de Santiago. El orgullo y la alegría que te invaden cuando alcanzas la meta son indescriptibles. En 34 días pudimos vivir/recorrer 2306 km sin ningún daño en cuerpo, alma ni material.

Un saludo muy cordial desde Simonswald, Lambert Fehrenbach

La miro cada día

Hice la primera mitad del Camino en noviembre de 2016, de Saint-Jean-Pied-de-Port a León. La segunda mitad, de León a Finisterre, en la primavera de 2017. Para mí, dos experiencias totalmente opuestas. En invierno, en el primer tramo, había muy pocos peregrinos. En primavera, en cambio, hacia el final ya había bastante más gente.

Compré mi credencial en la oficina del peregrino de Saint-Jean-Pied-de-Port. Fue algo especial cuando el hospitalero del primer albergue estampó su sello y con eso empecé oficialmente mi peregrinación. Algunos sellos los recuerdo especialmente. Ya sea por lo especial del sello, por el camino hasta el lugar donde lo recibí o por la persona que lo puso. La etapa a Roncesvalles, por ejemplo, subiendo entre lluvia y nieve hasta la capilla y viendo aparecer después el imponente conjunto del monasterio, la recordaré siempre. La señora que me dio el sello me recibió con especial cariño, y además el formato y el motivo destacan.

Otra vivencia fue la de mi hospitalera en Puente la Reina, Natalie. Insistió en embellecer el sello personalmente para hacerlo inconfundible. En los siguientes puntos de sellado, muchos hospitaleros reconocían al instante esa parte especial de la credencial. A menudo teníamos que contar entonces nuestra experiencia con Natalie. Un bonito recuerdo.

Especial es, por supuesto, también el sello que te ponen en Santiago al final del camino para obtener la Compostela. Me sentí casi como un niño que mira cómo el profesor o la profesora corrige su examen buscando errores. En cualquier caso, siempre recordaré la credencial como algo especial y la guardaré bien.

Después de volver, pensé dónde y cómo enmarcar y colgar mi Compostela y mi credencial. Me tomé la molestia de hacer un collage con los «trofeos» de mi Camino. Luego lo mandé imprimir en un gran lienzo que ahora cuelga en nuestro salón. Sobre todo la colorida credencial atrae una y otra vez miradas curiosas cuando amigos o familiares pasan por delante.

La miro cada día y estoy seguro de que esta no será mi única experiencia en el Camino.

(Werner K.)

Remendada con esparadrapo

Por el camino, en Le Puy, tuve que comprarme una credencial nueva porque la primera estaba llena. La primera todavía está bastante bien.

La segunda, en cambio, se me empapó varias veces por el camino. Por eso, por desgracia, algunos sellos están totalmente borrosos. Cuando iba de Muxía a Santiago, ese día llovió tanto que incluso se rompieron algunas páginas de la credencial.

La última página, en la que solo estaba la información, la tiré. Pero las otras, con los sellos, quería conservarlas. Intenté arreglar la credencial por el camino, y como solo llevaba esparadrapo, tuvo que ser con eso.

Ahora la credencial no solo me recuerda el viaje, sino también el tiempo que hizo.

Dos credenciales: la de arriba se mantuvo seca, la de abajo se remendó con esparadrapo.

Lo que enseñan estas historias

Tan conmovedoras y tan auténticas: detrás de cada credencial hay una historia muy propia. Y, de paso, estos relatos muestran cómo llevar tu propia credencial sana y salva a lo largo del Camino:

  • Protégela de la humedad. La lluvia es el mayor enemigo de la credencial: una funda impermeable o, si no hay otra cosa, una bolsa de pan salva los sellos.
  • No la dejes en cualquier sitio. Al reorganizar la mochila, en el bar o durante un descanso: vuelve a guardarla enseguida en su sitio fijo.
  • Guárdala bien. En casa, el cuadernillo se convierte en un recuerdo para toda la vida: en un álbum de fotos, en el armario o como collage en la pared del salón.

¿Y tu historia?

¿Tú también has vivido alguna historia con tu credencial? Escríbenos a info@caminoninja.com: con gusto ampliaremos esta página.