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Magic moment en Foncebadón: música en la niebla

Niebla, callejuelas desiertas y de pronto música: una mañana entre Foncebadón y la Cruz de Ferro. Extracto de «Manchmal muss man einfach weiterlaufen».

8 de octubre de 20265 min de lectura
Magic moment en Foncebadón: música en la niebla

Un extracto del libro «Manchmal muss man einfach weiterlaufen» («A veces simplemente hay que seguir caminando»): el 3 de mayo de 2011, el Camino Francés sube de Foncebadón a la Cruz de Ferro, y en la niebla de la aldea de montaña casi abandonada espera un «magic moment» muy especial.

Ponferrada. 3-5-2011. Todo el mundo tiene en algún momento del camino su «magic moment» muy especial. El mío lo vivo este día, y no tiene nada que ver con la Cruz de Ferro, tan importante para muchos peregrinos.

Salida del albergue

Una noche llega a su fin.

La «estufa de leña», que está en medio de la sala, mantiene una temperatura agradable, pero no demasiado calurosa. Lo único es que el colchón es algo duro, lo que resulta incómodo para mi cadera, porque normalmente duermo de lado. Pero, al final, he dormido lo suficiente, aunque de forma más bien inquieta.

A las seis en punto suena el despertador. Pero no el mío, que ni siquiera llevo, sino el de los noruegos del otro extremo de la sala. Parece que tienen el sueño profundo, porque, por un lado, el tono está al volumen máximo y, por otro, seguro que pasa un minuto hasta que alguien reacciona. Quizá también lleven puestos los tan alabados tapones para los oídos, por aquello de los compañeros de peregrinación que roncan.

En fin, ahora no solo están despiertos ellos.

However, poco después yo también me levanto, voy al baño y luego recojo mis bártulos lo más silenciosamente posible.

Por desgracia, mi camiseta de manga larga, que lavé ayer, todavía no está del todo seca. Pero me la pongo igualmente, a falta de alternativa. Por capas: encima, simplemente, la de manga corta, y al poco rato ya abriga bastante. Los calcetines interiores, en cambio, todavía están demasiado mojados. Así que los meto en una bolsa junto con las bragas todavía húmedas y espero poder secarlos por la tarde.

Después de un desayuno abundante, hacia las siete y media ya estoy en marcha y emprendo lo que queda de subida. Como ayer ya subí a más de 1000 m, va bastante bien.

Además me he preocupado a propósito de dejar mis provisiones más o menos a cero, así que la mochila está, en consecuencia, «ligera».

Música en la niebla de Foncebadón

El camino pasa por el pequeño pueblo de Foncebadón, unos dos kilómetros antes de la Cruz de Ferro.

Todavía hace bastante fresco y hay niebla en el aire. No se ve a nadie en ninguna parte ni se nota la menor señal de vida. Las casas de piedra están en silencio, como muertas. La calle de tierra amortigua mis pasos y todo parece casi un poco inquietante.

Sigo caminando por la calle principal vacía cuando, de repente, oigo música. En el primer momento pienso que mi cerebro me está gastando una broma, pero, a medida que avanzo, suena más fuerte.

Suena a canto de monjes en versión moderna, como los «Gregorian». Unos pasos más y paso por delante del albergue del pueblo, que identifico como la fuente.

Me detengo, porque justo empieza una canción nueva, «Hymn», en el original de Barclay James Harvest. Como hipnotizada, escucho la música. Me envuelve como la niebla que me rodea. Las palabras se posan pesadas sobre mis hombros y al mismo tiempo me hacen sentir ligera y libre. El momento está tan lleno de magia y es tan bonito que en mí, desde dentro de mí, suben las lágrimas y me nublan la vista de felicidad.

Cuando termina la canción, se hace el silencio.

Pero es un silencio lleno, en el que resuenan las voces.

Sigue sin verse a nadie en ninguna parte y por un instante me pregunto si me habré imaginado la música. ¿O sonaba solo para mí? Eso me gustaría creer. No sé cuánto tiempo me quedo allí parada, pero en algún momento parece como si despertara de mi trance y, despacio, pero con paso alegre y una sonrisa, sigo mi camino.

Creo que solo recordamos los momentos importantes, faros aislados en la oscuridad de la caminata cotidiana.

La verdad es que son los pequeños pasos los que nos llevan a esos «magic moments». Son importantes.

Y cuando miramos atrás, vemos que no son solo los momentos cumbre, sino precisamente también los momentos más bajos de la vida, los que definen quiénes somos y en quiénes nos convertimos.

En la Cruz de Ferro

Quizá porque acabo de vivir un momento tan mágico que sencillamente no se puede superar, quizá también porque el grupo de gente que en ese momento asalta la Cruz de Ferro parece muy poco solemne, el caso es que este lugar me decepciona un poco.

Bueno, reconozco que tampoco me había informado de verdad sobre él, porque en un principio quería hacer el Camino del Norte.

Muchos peregrinos traen hasta aquí una piedra de casa o recogida por el camino y la depositan. A menudo con un mensaje escrito. Es un soltar simbólico.

Ayer, pensando en ello, me di cuenta de que no llevo ninguna piedra ni nada que depositar. Pero luego pensé: no me hace falta, porque ahora mismo no siento ninguna carga de la que quiera librarme.

Ya he dejado algunas cosas por el camino. Lo que queda, lo soltaré cuando llegue el momento.

Y cuando se lo conté a Helmut, justo eso de que no tengo piedra, pero tampoco cargas que dejar, se nos ocurrió que podría dejar una de forma preventiva, así, para posibles problemas futuros.

Pero no serviría de nada y lo dejo estar. No me parece correcto.

Así que subo al montón de piedras, me quedo allí un momento sin más y doy las gracias a mis ángeles de la guarda.

Por haberme acompañado hasta aquí, y pido protección para el resto de mi camino.

Este texto es un extracto del libro «Manchmal muss man einfach weiterlaufen».

El camino en Camino Ninja

Foncebadón, la Cruz de Ferro y Ponferrada están en el Camino Francés, con etapas, mapa y alojamientos en Camino Ninja.